NUESTRA HISTORIA
En 1974 la iniciativa de un grupo de siete apasionados del baloncesto.
FUNDADORES
CLUB BÀSQUET
SANT BOI
El Club Bàsquet Sant Boi se fundó el 13 de agosto de 1974 gracias a la iniciativa de un grupo de siete apasionados del baloncesto: el Sr. Jaume Farré Silvestre, el Sr. Vicenç Vilà Sanllehi, el Sr. Miquel Xoto Masip, el Sr. Jaume Sala Albareda, el Sr. Ricardo Farrés Petit, el Sr. Miquel Paloma Pascual y el Sr. Ángel Martín González.
OBJETIVOS Y COMPROMISO CON LA FORMACIÓN DEPORTIVA Y HUMANA
Movidos por su amor por este deporte y por el deseo de crear un espacio donde poder practicarlo y compartirlo con la comunidad, decidieron unir esfuerzos para dar forma a un proyecto que, con el tiempo, se convertiría en una parte importante de la vida deportiva de Sant Boi.
El primer presidente del Club Bàsquet Sant Boi fue el Sr. Miquel Paloma Pascual, quien, junto con el resto de fundadores, sentó las bases de una entidad comprometida con la promoción del baloncesto y con la formación deportiva y humana de sus jugadores.
Desde sus inicios, el propósito principal del club ha sido fomentar la práctica del baloncesto, un deporte por el que sus fundadores sentían una profunda pasión y que continúa siendo el motor de su actividad hasta hoy.
Nuestros orígenes
El 14 de agosto de 1974 nacía el Club Bàsquet Sant Boi. Lo que comenzaba como la iniciativa de un grupo de personas unidas por la pasión por el baloncesto y por el cariño a Sant Boi se convertiría, con los años, en una entidad profundamente arraigada en la ciudad, dedicada a la formación deportiva y humana de generaciones de jugadores y jugadoras.
Para explicar aquellos primeros pasos, nada mejor que recuperar la voz de quien impulsó su fundación. Este es el relato de Jaume Farré Silvestre, fundador y socio número 1 del Club, escrito desde el recuerdo, el agradecimiento y el orgullo por una historia que comenzó en el verano de 1974.
El primer equipo del Club Bàsquet Sant Boi
Recepción en el ayuntamiento
Nuestros orígenes
LA FUNDACIÓN DEL CLUB BÀSQUET SANT BOI
El relato de Jaume Farré Silvestre, fundador y socio número 1
Sant Boi tenía que tener un club de baloncesto
La historia del Club Bàsquet Sant Boi nace, como tantas grandes historias, de una idea sencilla, de una pasión y de la voluntad de hacer algo por el pueblo.
A mediados del mes de julio de 1974, aprovechando las vacaciones profesionales de verano, decidí que había llegado el momento de hacer realidad una idea que hacía tiempo que me rondaba por la cabeza y que, como santboiano, me producía una cierta incomodidad: Sant Boi, una de las poblaciones más importantes del Baix Llobregat, no tenía entonces un club de baloncesto que representara oficialmente a nuestra localidad.
Yo llevaba años viviendo intensamente este deporte. Había jugado con amigos representando primero a la U.E. Santboiana y al Colegio Salesianos, y más adelante había participado en diferentes ligas. El baloncesto formaba parte de mi vida.
En aquella época, si no estoy equivocado, era la única persona de Sant Boi que disponía de titulación básica y oficial como entrenador de baloncesto. Pero, más allá de los títulos, sentía una auténtica pasión por este deporte y un profundo cariño por nuestra localidad.
Y aquí empezó todo.
Me atreví a pensar que Sant Boi debía poder disfrutar de equipos de baloncesto de la misma manera que ya lo hacía con otros deportes, como el rugby o el fútbol.
A partir de aquel momento comenzó un trabajo que no fue nada sencillo: había que constituir formalmente una nueva entidad deportiva y recorrer todos los organismos necesarios para conseguir su reconocimiento: el Ayuntamiento, Gobernación Civil, la Federación Catalana, el Colegio de Entrenadores…
Fueron días de muchas gestiones, mucha burocracia y muchos desplazamientos. Y también de sacrificios personales.
Mi mujer estaba embarazada de nuestro segundo hijo y, a pesar de todo, durante las horas que yo tenía que dedicar al trabajo, ella también colaboró en todo lo que pudo. Nunca he querido saber exactamente cuál fue el coste económico que me supuso poner en marcha el Club Bàsquet Sant Boi, pero el esfuerzo valió la pena.
Paralelamente a todas las gestiones necesarias para fundar la entidad, tenía que preparar la nueva temporada como entrenador. La ilusión era enorme, pero también lo era la presión: estábamos ya a primeros de agosto y el tiempo corría en nuestra contra.
Una ayuda que no he olvidado
Durante aquellos días iba prácticamente cada día a la Federación. Allí encontré a una persona a quien siempre he querido expresar mi agradecimiento: el señor Subirós. Hizo suya, en cierto modo, aquella aventura. Me ayudó en las gestiones federativas, me dio consejos y tramitó con una enorme dedicación la documentación de la nueva entidad. Años después supe que, cuando miembros del Club Bàsquet Sant Boi visitaban la Federación, el señor Subirós todavía les pedía que me hicieran llegar un saludo. Son pequeños detalles que no se olvidan.
También recuerdo con especial cariño a mi amigo Vicenç Vilà. En buena parte fui yo quien lo llevó al mundo del baloncesto y, cuando tenía que ir a la Federación, el señor Subirós siempre le dedicaba una atención especial.
Con el tiempo, aquella nueva entidad fue haciéndose un lugar y ganándose la admiración y el respeto dentro de los estamentos federativos.
La primera Junta Directiva
Un club no podía existir únicamente con jugadores y entrenador. Necesitábamos una Junta Directiva.
Yo tenía muy claro que mi principal aportación debía ser deportiva y que el Club me necesitaba sobre todo entrenando. Por eso renuncié a asumir la representación institucional y busqué personas que pudieran hacerse cargo de la dirección de la entidad. La solución la encontré muy cerca.
Ya entrenaba a un grupo de chicos procedentes de categorías infantiles, formados aproximadamente entre los años 1969 y 1971, que empezaban a constituir un buen equipo y que podían dar continuidad al proyecto. Hablé con sus padres. Les expliqué qué queríamos construir, de dónde veníamos y, sobre todo, hacia dónde queríamos ir. Aquellos padres quizá sabían muy poco de baloncesto, pero compartían una motivación mucho más importante: sus hijos podrían continuar practicando este deporte en un club que llevaría el nombre de su ciudad: Sant Boi.
Todos ellos acogieron la propuesta con entusiasmo. Y así nació la primera Junta Directiva del Club Bàsquet Sant Boi. Siempre recordaré a aquellas personas con un cariño especial. Sin su predisposición desinteresada habría sido muy difícil tener constituida una Junta antes de comenzar la temporada.
El Club empezaba a ser una realidad.
¿Y de qué color jugaríamos?
Todavía quedaban muchas cosas por resolver.
Estábamos a principios o mediados de agosto. Teníamos que hablar con familias, Federación, proveedores de ropa deportiva… La nueva directiva avanzaba con toda la parte administrativa mientras yo me ocupaba de los aspectos deportivos. Y había uno que para mí era especialmente importante: la equipación.
Hacía tiempo que tenía muy claro qué color quería para nuestro Club: el verde. Me gustaba especialmente el verde que utilizaba como primera equipación el Žalgiris de Kaunas. La Santboiana jugaba de azul, el Santboià de rojo… nosotros jugaríamos de verde. Lo tenía decidido. Pero no pudo ser.
La temporada estaba a punto de comenzar y la tienda especializada que nos habían recomendado desde la Federación, situada en el paseo de Colón, nos comunicó que no tendría las equipaciones verdes disponibles a tiempo. Aquel contratiempo nos dejaba pocas alternativas. Pregunté qué colores tenían disponibles inmediatamente. Y de aquella urgencia surgió una decisión que acabaría convirtiéndose en parte de nuestra identidad: camiseta color butano y pantalones negros.
Así comenzó a competir el Club Bàsquet Sant Boi. Y el resultado nos encantó. Prácticamente éramos el único equipo que nunca tenía que cambiar de camiseta por coincidencia de colores. Aquella combinación era diferente, llamativa y fácilmente identificable. Nos gustó tanto que acabamos jugando con orgullo con aquellos colores.
En la Federación y entre los equipos rivales también causaban sensación. Sin haberlo previsto, el color butano y el negro se habían convertido en los colores del Club Bàsquet Sant Boi.
Un club que empezaba a hacerse notar
Poco después, ya entrado el invierno, fui con mi amigo Vicenç a comprar los chándales. Allí nos encontramos con otra novedad. Empezaban a ponerse de moda los pantalones sin cremallera en la parte inferior. Nos parecieron extraños y, de entrada, incluso un poco ridículos.
Pero los encargamos. Y volvimos a acertar. Llevábamos unos pantalones modernos, parecidos a los que utilizaba el Barça, cuando todavía muy pocos equipos —y menos aún de nuestra categoría— los usaban. Éramos, en muchos aspectos, un equipo diferente. Y también empezábamos a serlo en la pista.
El primer equipo y el “B” lo demostraron con victorias, buenas clasificaciones y, sobre todo, con la extraordinaria actitud de nuestros jugadores. Ver a aquellos chicos competir, disfrutar y defender el nombre de Sant Boi era una satisfacción difícil de explicar.
El escudo
Solo nos quedaba un elemento importante para completar la identidad del Club: el escudo. Lo creó nuestro amigo y jugador Félix López. La propuesta gustó y fue aprobada por mayoría absoluta.
Ya lo teníamos todo: un nombre, una Junta Directiva, unos equipos, unos colores, un escudo y, sobre todo, un grupo de personas dispuestas a trabajar para que aquel proyecto saliera adelante. A partir de aquí, la historia dejó de ser la historia de una sola persona.
El Club empezó a caminar con vida propia. Cada vez más personas se implicaron en cuerpo y alma, los equipos fueron creciendo y, muy especialmente, lo hizo el baloncesto de base.
Con los años también aprendí una cosa: nada es perfecto en ningún colectivo y nadie es mejor que nadie. Pero hay una cosa que siempre he tenido muy clara: el orgullo de haber fundado el Club Bàsquet Sant Boi me acompañará toda la vida.
El resto ya forma parte de otra historia.
Cincuenta años después
No quisiera acabar este relato sin dar las gracias a todas, absolutamente a todas las personas que, a lo largo de estos cincuenta años, han sabido defender, cuidar y mantener esta entidad en el lugar que siempre ha merecido.
Directivos, empleados, entrenadores, jugadores, familias, colaboradores y todas aquellas personas que, de una manera u otra, han formado parte del Club Bàsquet Sant Boi. Por mi parte, nunca he luchado por una categoría simplemente por ganar.
Quienes me conocen saben que lo que he hecho ha sido, «solo», para que los niños y niñas de la localidad pudieran jugar al baloncesto, representar a su pueblo y, al mismo tiempo, disfrutar de este deporte sin olvidar los estudios y su futuro.
Esta es la pequeña historia —para mí, muy grande— del proceso de fundación de nuestro querido Club Bàsquet Sant Boi, una entidad que nuestra localidad necesitaba.
Jaume Farré Silvestre
Fundador del Club Bàsquet Sant Boi · Socio núm. 1

